¿Debería prohibirse escupir en público?

Masterfile

¿Debería una persona ser multada por escupir en la acera, en un parque público o cerca de usted mientras espera el autobús? Esa es la pregunta que el escritor de Atlantic Wire, John Metcalfe, plantea en un reciente blog para el sitio.

Escupir en público es un hábito repugnante y demasiado común. No se puede ir a dar un paseo al supermercado sin ver (peor aún, sin oír) a un conciudadano entregar una tapa de esputo en la calle. Pero, ¿deberían las ciudades y las comunidades individuales tomar medidas drásticas contra el escupitajo público mediante la aplicación de multas o la promulgación de leyes para frenar el entusiasmo salivaro-glandés? Algunos ya lo han hecho.

Como señala Metcalfe, en los EE.UU. unos pocos estados tienen leyes de larga data contra la escupida. Estas leyes fueron diseñadas originalmente para proteger la salud pública durante la era de la tuberculosis. Pero estas leyes no son tan arcaicas que no estén todavía en vigor. Metcalfe cita un caso reciente en Daytona, Florida, en el que un joven de 18 años fue multado con 100 dólares por ofrecer una concha de ostra de flema a la acera sin que se le prohibiera.

En Vancouver puedes ser multado por escupir en propiedad pública, aunque la aplicación de la ley puede quedar en manos de agentes de policía individuales que sin duda tienen preocupaciones más apremiantes que si un ciudadano puede o no aguantar su flema.

Escupe en el suelo y probablemente te librarás de la censura, ¿pero escupirás a una persona? Bueno, eso es un problema. Y con razón. Recientemente un hombre de Toronto fue acusado de asalto después de escupirle a la cara a un trabajador de TTC. Recibió 21 días de cárcel y 18 meses de libertad condicional.

¿Qué tiene vender fluidos corporales que son tan atractivos? Metcalfe ofrece una o dos explicaciones de por qué la gente, especialmente los hombres, tienen la costumbre de escupir en la calle. Cita un estudio de investigación que indica que hace ya 2.000 años escupíamos para divertirnos. Otra teoría: los hombres, como los perros, marcan su territorio con saliva.

¿Quizás como un compromiso entre los escupitajos y los no escupitajos, las comunidades pueden crear recintos al aire libre donde los escupitajos pueden pregonar/marcar su territorio empapado a su antojo?